Por Claudio Gutiérrez, Depto. Ciencias de la Computación, FCFM, Universidad de Chile
No hablaremos aquí de la inmoralidad del gobierno británico, quien por un lado impidió entregar a la justicia a un dictador criminal y, por otro, persigue a quien se ha dedicado a develar el mal actuar de los gobiernos contra sus ciudadanos. Tampoco hablaremos del doble estándar de otros que esperan el momento para secuestrar a Assange y “juzgarlo” por “traición”. Son los mismos que promovieron y celebraron bombardeos 11/9 lejos de casa, para sólo maldecirlos cuando les tocó a ellos. Esos que condenan muros entre ciudadanos de primera clase, pero construyen otros más grandes para segregar sudacas. Los que condenan el secuestro y la tortura de ciudadanos de naciones elegidas, pero los practican con el resto. Mejor no sigamos. Repetir lo bien sabido aburre. Quiero, en cambio, que en conjunto intentemos entender las motivaciones de Julian Assange para arriesgar el pellejo de la manera que lo está haciendo. A ratos no parece fácil entenderlo.
Dos elementos se juntaron para llegar al caso Assange (para más información de este caso, ver el artículo “Guerra de información: la batalla de Wikileaks”, en Revista Bits de Ciencia). Primero, la creciente imposibilidad técnica para los gobiernos de esconder información a sus ciudadanos. Segundo, la ética de un grupo de personas que no trepidan en arriesgarlo todo por hacer de la información un bien al alcance de todos. Dejaremos lo primero para otra columna y nos concentraremos en lo segundo.
Hace exactamente diez años que apareció en castellano un libro del filósolo finlandés (a él le gusta que lo llamen “intelectual público”) Pekka Himanen, titulado La ética del hacker y el espíritu de la era de la información. Assange fue un activista hacker en su juventud. Pareciera que el libro hablara de él, de sus motivaciones, diez años antes de que gobiernos “democráticos” comenzaran a perseguirlo por exponer los secretos que ellos esconden celosamente a sus ciudadanos.
Es imposible entender a Assange si uno asume que la naturaleza del ser humano es “buscar racional y sistemáticamente el beneficio personal”. Siguiendo esa motivación, no estaría encerrado en la embajada de Ecuador sino codeándose con Bill Gates y Mark Zuckerberg. La ecuación sencillamente no cierra. Hay que cambiar de hipótesis para poder entender las motivaciones que tendría este hacker para arriesgar su vida por develar los negociados del mundo, las violaciones a los derechos humanos, los acuerdos secretos en contra de las poblaciones, etc.
El diccionario del argot hacker define a los hackers como personas que se dedican a “programar de forma entusiasta” y creen que “poner en común la información constituye un extraordinario bien, y que además para ellos es un deber de naturaleza ética compartir su competencia y pericia elaborando software gratuito y facilitando el acceso a la información y a los recursos de computación siempre que ello sea posible”. Esta es la ética hacker desde que en los albores de la era de la información, a comienzos de los sesenta, aparece este nuevo perfil humano (más tarde, a mediados de los ochenta, los medios de comunicación y quienes divisaron su peligro, comenzaron a aplicar el término a criminales informáticos. Para diferenciarse de ellos, los hackers denominan a estos usuarios destructivos o piratas informáticos con el término “crackers”). Como dice Himanen, “desde esta perspectiva, la ética hacker es una nueva ética del trabajo que desafía la actitud que durante tanto tiempo nos ha tenido esclavizados, a saber, la ética protestante del trabajo, tal como la expuso Max Weber en su obra clásica La ética protestante y el espíritu del capitalismo”.
Para el hacker los problemas de la información tienen un interés intrínseco. No es raro escuchar: “Programar tiene algo increíblemente atractivo; llena de energía”. Una famosa hacker irlandesa de 16 años decía: “Me embargaba una sensación de total entusiasmo… trabajaba constantemente días enteros hasta terminar, y era estimulante. Había momentos en que no quería parar.” La alegría es otro componente sustancial de esta nueva ética. Linus Torvalds relataba lo “divertido” que era trabajar en el sistema Linux. Como muy bien lo expresa otro hacker, Eric Raymond:
“Es preciso creer que la programación es una artesanía
merecedora de toda la inteligencia y pasión de que uno
sea capaz. El diseño de programas y su implementación
deben ser ante todo un arte del que se disfruta y una suerte
de juego de alto nivel. Si esta actitud te parece ridícula
o vagamente embarazosa, detente un momento y piensa;
pregúntate qué has dejado de lado. ¿Por qué te dedicas
a diseñar programas en lugar de hacer alguna otra cosa
para ganar dinero o pasar el rato? Debes haber pensado
en algún momento que el hecho de programar merecía
toda tu pasión… es preciso que te importe. Necesitas jugar.
Tienes que querer explorar”.
Compárese esto con la ética que hoy día se nos quiere presentar como “universal” y “natural”, cuyos orígenes estudió Max Weber: “Esta peculiar idea, tan familiar para nosotros hoy en día, pero en realidad tan poco natural, del deber en una profesión, es lo que más característico resulta en la ética social de la cultura capitalista y, en cierto sentido, constituye su fundamento. Se trata de una obligación que el individuo se supone debe sentir y siente hacia el contenido de su actividad profesional, con independencia de en qué consista”. Esta ética ha invadido de tal manera toda la actividad humana en la sociedad actual, que lo lúdico, el juego y disfrute de alto nivel que hablaba Raymond ya no sólo fue eliminado del trabajo, sino que hoy lo está siendo del propio juego. Como observaba alguien, la gente solía jugar al tenis; ahora “trabajan” la volea de revés. Los niños jugaban fútbol en la calle; ahora “trabajan” sus habilidades en las múltiples escuelas.
El trabajo sería entonces un fin por sí mismo y el dinero sería la guía maestra en la vida. Los seguidores locales de esta ética, por ejemplo, creyeron que las medallas olímpicas se ganaban ofreciendo millones por ellas. Pero eso no es lo que motiva a los deportistas de alto rendimiento. Los motiva lo mismo que Raymond indicaba: practican el deporte porque es “un arte del que se disfruta y una suerte de juego de alto nivel”. Steve Wozniak al graduarse de Berkeley afirmaba: “No hagas nada en la vida a menos que sea para ser feliz… Éste es mi teorema vital… En realidad, una fórmula sencilla: F=3A. La felicidad equivale a alimentos, alegría y amistad”.
Escribe Himanen: “Este vínculo que los hackers establecen entre el plano social y el plano de la pasión, en cambio, es lo que hace a su modelo tan atractivo. Los hackers se dan cuenta de lo profundamente satisfactorias que pueden ser las motivaciones sociales, y de su enorme potencial. Al hacerlo, contradicen la imagen estereotipada del hacker como ser asocial, un cliché que, por lo demás, nunca fue cierto”. El premio Turing por sus trabajos en inteligencia artificial, Marvin Minsky, afirmaba que “contrariamente a la opinión habitual, los hackers son más sociales que otras personas”. Conociendo a mis alumnos hackers y comparándolos con los de derecho o sociología, creo que vale la pena aclarar las palabras de Minsky. En nuestro medio, ser “social” es tener facilidades para abordar a alguien, para entablar una conversación, ser capaz de cerrar un negocio. Por el contrario, tener pasión por la humanidad, preocuparse por los demás, pensar más en la comunidad que en el beneficio propio, es tener compromiso social. Los hackers desbordan compromiso social. Como la canción de Richard Stallman:
Únanse a nosotros, compartan el software;
serán libres, hackers, serán libres.
Únanse a nosotros, compartan la información;
serán libres, hacker, serán libres.
Los avaros amasan mucho dinero;
es verdad, hackers, es verdad.
Pero no ayudan a su prójimo;
y no puede ser, hackers, no puede ser.
Los manuales de ciencia indican que si un determinado fenómeno comienza a ser complejo de explicar, o necesita demasiadas hipótesis ad-hoc, es que la teoría que lo explica está fallando. En este caso, si uno abandona la suposición de que lo que mueve a los humanos es la “búsqueda racional y sistemática del beneficio económico personal”, entonces todo cuadra perfectamente. Lo que mueve a Julian Assange es la ética hacker.
El blog Bits, Ciencia y Sociedad de la sección de Tecnología de Terra es un espacio donde académicos del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Chile hablarán de la Tecnología y su impacto político y social en nuestro país.
Excelente artículo.
Me gustó desde el primer párrafo.
Excelente el artículo! Grande profe!
Excelente el artículo!
Excelente el artículo, profe.
Frente a la mención de acusación por abuso sexual de Assange en Suecia, el margen de verdad es estrecho… la legislación sueca otorga la calidad de abuso al desuso del condón, sin importar si la relación fue consensuada o no. Pero no es el tema cuando hablamos de su calidad de hacker. Gracias por tus aclaraciones Claudio,