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Software, el goce del puro hacer

Posteado a las 6 de Marzo de 2013 - 10:41 5 comentarios
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Por Claudio Gutiérrez, académico Depto. Ciencias de la Computación, FCFM, Universidad de Chile.

¿Qué es el sofware? ¿Por qué profesionales y científicos clásicos, para qué decir los “humanistas”, aprecian/usan/usufructuan del software pero desprecian la actividad y sus profesionales? Argumentaré que se debe a que el software es primo hermano de la cocina. Y esta gente lo intuye. La cocina es una actividad cuyos productos son apreciados como pocos, pero cuya actividad y quienes la desarrollan parecieran pertenecer a la oscura trastienda de lo socialmente superfluo. ¿Qué gran pensador se ha preocupado de los cocineros y la cocina? Que yo sepa, Aristóteles, Descartes, Kant, Hegel, Heidegger, (incluso Žižek,) no han reflexionado sobre la cocina y su estatuto. Tampoco los poderosos se han interesado en ella. ¿Han escuchado a machos/empresarios/militares hablar de cocina? No de platos preferidos, sino de cocina como tal: ¿cuál tipo de adobado es mejor para ..?, ¿cuánto se pica el cebollín para…?, ¿cómo se obtiene tal sabor? Estamos en el área chica del placer. Tradicionalmente femenina junto con la moda. Los temas masculinos son, en público, las necesidades y, en privado, los objetos del placer. Pero la actividad que produce el objeto del placer, eso es “secundario”, tarea de “otro/as”, es lo femenino. Allí está arrinconado el software.

Esta disquisición partió así. Seguro que a todos nos ha pasado en verano: en casa ajena –parientes, amigos– nos dejan solos y aburridos, y no queda otra que hojear los libros viejos y amarillentos de la biblioteca. Fue así como dí con el siguiente texto de Platón (en el Gorgias):

[...] existen dos artes, una que corresponde al cuerpo y la otra al alma; llamo política a la que se refiere al alma, pero no puedo definir con un solo nombre la que se refiere al cuerpo, y aunque el cuidado del cuerpo es uno, lo divido en dos partes: la gimnasia y la medicina; en la política, corresponden la legislación a la gimnasia, y la justicia a la medicina.

[...] existe cierta ocupación que no tiene nada de arte, pero que exige un espíritu sagaz, decidido y apto por naturaleza para las relaciones humanas; la llamo adulación [...] fingiendo ser el arte en el que se introduce, no se ocupa del bien, sino que, captándose a la insensatez por medio de lo más agradable en cada ocasión, produce engaño, hasta el punto de parecer digna de gran valor. Así pues, la cocina se introduce en la medicina y finge conocer los alimentos más convenientes para el cuerpo, de manera que si, ante niños u hombres tan insensatos como niños, un cocinero y un médico tuvieran que poner en juicio quién de los dos conoce mejor los alimentos beneficiosos y nocivos, el médico perdería. A esto lo llamo adulación y afirmo que es feo porque pone su punto de mira en el placer sin el bien; digo que no es arte, sino práctica, porque no tiene ningún fundamento por el que ofrecer las cosas que ella ofrece ni sabe cuál es la naturaleza de ellas, de modo que no puede decir la causa de cada una.

Esta crítica a la cocina –que de paso explica su mala reputación entre los pensadores– pudiera ser la crítica del software: “No tiene ningún fundamento por el que ofrecer las cosas que ella ofrece ni sabe cuál es la naturaleza de ellas”. Un gurú de la ingeniería de software, F. P. Brooks (aquel de “no hay bala de plata”) no hace más que confirmar estos temores: “La esencia de una entidad/objeto de software es un constructo que interlaza conceptos: conjuntos de datos, relaciones entre datos, algoritmos e invocación de funciones. Esta esencia es abstracta, en el sentido que el constructo conceptual es el mismo bajo muchas representaciones diferentes. Es sin embargo, altamente preciso y muy rico en detalles”. Resumen muy interesante, pero… ningún fundamento por el que ofrecer las cosas que ofrece. Lo afirma explícitamente Ivar Jacobson: “Como comunidad, estamos lejos de entender bien qué es realmente la ingeniería de software.”

Si Platón viviera, sostendría que el software es adulación. ¿Pero adulación de qué?  Mi tesis es que el software es la adulación del hacer. Expliquémonos. El programador desarrolla un software que hace lo que el usuario quiere. No existe un programa “bueno”, “verdadero”, “bello”, absoluto. Un buen software satisface deseos en el mundo del hacer. Nada más. Muchas veces estos se confunden con los chatos deseos de los empresarios: eficiencia, velocidad, economía. Pero lo mejor y más importante no está allí: el mundo del deseo en el hacer recién comienza a despertar y no dormirá hasta simular cualquier actividad humana. No es casualidad que mientras la vieja generación asocia el software con aburridos sistemas contables, la nueva lo asocia con juegos, emoción, puro placer.

Esto que parece tan sano, es lo que constituye una doble falta a los ojos de la tradición. Primero, al desarrollador de software no le importan las causas, la naturaleza. No se ocupa del “bien”, sino de lo que desea el usuario. Por ello no constituye un arte; es adulación. Segundo, lo adulado por el software, el hacer, al contrario del cuerpo o del alma, es algo que nunca ha sido bien mirado. Salvo protestantes de corazón y artesanos honrados (ambos grupos en extinción, sino ya extinguidos), nadie nunca se propuso como objetivo de su vida el hacer. No hacer zapatos; no hacer edificios; no hacer libros. No. Simplemente puro hacer. No interesan los zapatos, los edificios ni la literatura (“las causas y la naturaleza de las cosas”). Interesa el proceso, el hacer. Pero como el hacer se asocia con el trabajo, y el trabajo con el displacer, el hacer es despreciado. El ideal ofrecido a los jóvenes hoy es hacer fortuna para no hacer, es trabajar para poder disfrutar el no trabajar, aunque en el camino se pierdan los loables objetivos iniciales.

Una aclaración antes de terminar. No se debe confundir el espíritu del desarrollador de software con tanto adulador simplón que anda por ahí, ofreciendo al “cliente” lo que éste quiere escuchar, ya sea en la política como en los servicios de cualquier clase. El buen cocinero difiere de un mundo de McDonalds: es la adulación honesta versus la adulación falsa. Ambos conocen, estudian el mundo culinario: unos para profundizar las sensaciones del cliente; el otro para achatarlas y encausarlas. Uno para liberar los sentidos del humano; el otro para encerrarlos y esclavizarlos. Son los peligros de toda real aventura a lo desconocido. Si lo verbaliza adecuadamente, podría tener el viaje al nirvana. Pero también, queda expuesto a un viaje al infierno. Hay software y software. Si uno se pone moralista, la disyuntiva actual no es entre medicina (el bien) versus la cocina (la adulación), como pensaba Platón, sino entre cocina como realización de los deseos versus cocina como manipulación de ellos.

Terminemos: ¿sería posible un mundo sin software? Por supuesto. Y sería un mundo más tranquilo, con haceres pausados y rústicos. La gente no moriría de hambre ni de frío… pero sí de aburrimiento. No habría nadie que nos adule en el hacer, que satisfaga el insaciable placer del hacer.

Comentarios

5 comentarios Comentario
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  1. Jfrez Posteado: 24 de Marzo de 2013 a las 0:32

    Estamos para llegar a ser, para ello debemos hacer, he allí la importancia de la abstracta disciplina del hacer.

  2. clauidio Posteado: 12 de Marzo de 2013 a las 10:14

    Para los interesados en este debate, les sugiero leer las interesantes reflexiones de Eduardo Diaz, a proposito de este:

    http://www.lnds.net/blog/2013/03/no-somos-cocineros.html

    Comentare brevemente un parrafo -a modo de motivar debate- que considero crucial (no estoy sostieniendo que el resuma su larga reflexion):

    “La programación está más allá de la simple adulación o satisfacción del placer. No es adulación en el hacer. El desafío intelectual nace de la necesidad de resolver un problema mayor, tal como en la concepción platónica la política nace del problema de buscar la justicia y la verdad, la programación, y por ende el software, nacen de una necesidad mayor aún, la de resolver un problema.”

    El texto sostiene que el software nace de una necesidad, y esta es “resolver un problema” (segun la RAE, un problema es una “cuestion que se trata de aclarar”). Veo dos dificultades con este planteamiento:

    1. Hay mucho software que no tiene ninguna intencion de abordar una cuestion ni aclarar algo. Por ejemplo, los juegos. ?Vienen a resolver un problema? Depende de como definamos problema.

    2. El planteamiento es demasiado general pues incluye a cualquier ingeniero o artesano, medico, etc. ?que es lo que caracteriza en particular al hacedor de software? O mas directamente: si resuelve problemas, ?que tipo de problemas resuelve?

    Para (1), sostengo que el tipo de “problemas”/deseos/necesidades que resuelve/satisface el software son los del mundo del hacer (ya sea como transformacion, como actividad, como interaccion). Pero el tema de fondo es (2): ?El software satisface deseos o resuelve necesidades? Dejo la pregunta, que tiene toda la carga filosofica de las cada vez mas indistinguibles nociones de deseo y necesidad, algo que esta en el centro mismo del debate sobre la modernidad.

  3. Víctor Rodríguez Mab Posteado: 7 de Marzo de 2013 a las 9:35

    Primero felicitar al autor de este artículo por su capacidad para hacer analogía entre software y la cocina, hoy dos palabras que resumen mi vida. Con el Software me gano la vida desde hace 20 años, 9 meses y 6 días, soy un informático de los que programa y hace software; por otro lado la cocina es la forma de entregar cariño a mis hijos y, a mi círculo afectivo; me encanta el manejo de sabores y aromas, así como el cambio en los estados anímicos que produce un plato bien preparado y presentado. Me gustó mucho leer este artículo, logró sacar mi ocupada mente del inmovilismo que vive producto de la rutina y, llevarla a asociar dos aristas de mi vida de modo tan gentil.

  4. rafa Posteado: 6 de Marzo de 2013 a las 14:26

    “Cualquier imbecil puede hacer que entiendan las computadoras, son muy pocos los programadores que hacen software que entiendan otros programadores”.

  5. Jfrez Posteado: 6 de Marzo de 2013 a las 13:48

    Extrañamente esta es la frase que andaba buscando hace años:

    “Un buen software satisface deseos en el mundo del hacer. Nada más.”

    Gracias por la clara y precisa definición.

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