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Átomos y bits, viejas y nuevas generaciones

Posteado a las 31 de Marzo de 2009 - 9:49 6 comentarios
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Claudio Gutierrez

Por Claudio Gutiérrez, profesor del Depto. de Ciencias de la Computación, FCFM, Universidad de Chile.

Hace más de una década Nicholas Negroponte popularizó la dicotomía entre átomos y bits, que caracterizaría nuestra época. De un mundo basado en el intercambio de bienes materiales (átomos), caminamos aceleradamente hacia uno donde se intercambian primariamente bienes inmateriales (bits). Si uno era feliz cuando niño con el último autito, la bicicleta, el objeto material sofisticado, todos hechos de sólidos átomos, hoy nuestros niños prefieren un game boy, una Xbox y no pueden vivir sin conexión a Internet o un celular, todos aparatos cuya esencia son los inmateriales bits que les dan vida.

Uno podría ingenuamente pensar que lo “espiritual” finalmente está triunfando sobre lo “material”. Nada más lejos de la realidad. Nuestra TV prueba que conversar no tiene por qué ser ni interesante ni edificante. Las fiestas de iniciación de clases universitarias convocadas por Internet parecieran mostrar que no es precisamente espiritualidad lo que buscan los jóvenes. Mi hijo de 7 años me contaba orgulloso que ahora en su juego favorito ya no apalea viejitos ni dispara a inocentes, sino que intercambia cosas: -Papá, ayer me compré un prostíbulo… ¿tú crees que un prostíbulo vale una pelota y 2 ositos?-. ¿Cómo entender esto? 

Vamos por parte. ¿Qué es un bien inmaterial?  Aparte de cosas “esotéricas” como un consejo, la sensación de calma espiritual, mensaje, pensamiento, hay bienes inmateriales que consumimos a diario: noticias, órdenes, cuento, carta, aviso comercial, una receta de cocina, programa computacional. ¿Qué de común tiene todo esto?  Que su esencia no es la materialidad; que el soporte, sea el papel del libro, el aparato de TV, la ondas sonoras, son secundarios. Su esencia es la información que ellos conllevan. Así también el “capital humano” cambia: de los rudos trabajadores de antaño estamos pasando a unos trabajadores soft; “señoritas” de la producción, como me confesaba entre cervezas un amigo nada amigo de la igualdad de género.

¿Cómo estamos enfrentando esta época en Chile?  Hagamos un poco de historia. La revolución industrial (que instaló en el centro del mundo la producción material y desplazó las humanidades y lo espiritual) curiosamente comenzó al mismo tiempo que nuestra vida como República. Sin embargo, a nuestro Chilito le tomó cien años darse cuenta de la importancia de la producción material, sacarse de la cabeza la idea colonial, luego elaborada por Andrés Bello y adoptada por la generación liberal, que las letras y el derecho son los fundamentos del progreso de una nación.

Así, cuando los ingenieros y técnicos (de átomos) comienzan a tomarse el Estado, allá por los años ‘30s, instalan la CORFO como la columna vertebral del país y comienzan a desarrollar las técnicas y las ciencias para “subirse” (ya algo atrasados) a la revolución industrial, sobre el planeta ya despuntaba una nueva era: lo inmaterial comenzaba a tomarse el mundo, esta vez no como letras y derecho, sino como información universal. Pero desde la vitrina de un anticuado “humanismo”, los fosilizados especialistas de la cultura a la antigua la calificaron –sin lograr entenderla– de catástrofe. (¡Y eso que no conocieron los blogs!)  ¿Todos podrían tener acceso a la información, producir información?  ¿Sin “prepararse” previamente para ello?  ¡Un disparate!

Y así llegamos a nuestro Chile de hoy, tan pujante como dividido. Por un lado, la generación joven desarrolla su cultura inmaterial, empujando los nuevos tiempos, como siempre, a contrapelo y al margen de todo el resto. Por otro, la generación vieja, hoy dirigente –que se formó sin usar computadores ni celulares–, asocia aún bits con servicios. Y ve solamente algunos árboles (computadores, telefonía, TV) donde ya hay un gran bosque. ¿Dónde está la CORFO de los bits?  ¿Dónde el ministerio del ramo, como en China y la India?  A pesar de las abrumadoras evidencias sobre el nuevo fenómeno, los periódicos siguen asociando estos temas con aparatos y “chiches” tecnológicos. CONICYT hasta hace poco la asociaba con “ofimática” y todavía no le da la categoría de ciencia. Las universidades tradicionales miran sus departamentos de Informática con recelo porque sus académicos no estudian átomos. Los educadores siguen mirando los bits fundamentalmente como apoyo a su enseñanza centrada en átomos. Los abogados intentan en vano enchalecar los bits con leyes de propiedad intelectual hechas para átomos, y los empresarios, embelesados descubriendo funcionalidades de su iphone, no ven más allá de sus narices, perdón, de la palma de sus manos.

Es así como los únicos que han comprendido cabalmente los alcances de la nueva era de los bits, porque nacieron en ella, son mirados como pájaros raros y mantenido fuera del sistema. (¿Pasará lo mismo con el sistema electoral?) Pero no nos impacientemos. Los ciclos en el desarrollo chileno son largos y lentos. Así como en este bicentenario parecemos estar celebrando nuestra revolución industrial, para el tricentenario seguro estaremos celebrando la nueva era de los bits…

Comentarios

6 comentarios Comentario
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  1. rod Posteado: 11 de Mayo de 2009 a las 9:41

    uf, ni hablar.

    Mi caso es casi desesperanzador. Yo soy ingeniero matematico, orientado por cierto al uso de nuevas tecnologias, aunque no entiendo en profundidad como fabricar mucho del software que ocupo, si utilizo en mi vida diaria mucho software, sobre todo open source…

    Cuando llegue a mi nueva pega, me di cuenta que estaban muy lejos de orientar el uso de sus herramientas tecnologias a la eficiencia, por ejemplo solo se nos permite usar iexplorer, cuando quise proponer en una infinidad de temas el uso de otro tipo de software -uno gratis- les dije, mi sorpresa es que aca les gusta pagar por un software de menos calidad que usar uno bueno y gratis.

    Ni firefox puedo instalar.

    Finalmente no me extraño nada, cuando supe que al encargado de informatica de mi pega Microsoft le paga sus vacaciones paradisiacas.

    Esto no seria tan malo si fuera una empresa privada… lamentablemente trabajo para una institucion publica.

    … ahi comprendi que son tambien los intereses personales los que dificultan el avance hacia la excelencia.

  2. Claudio Labbé Posteado: 1 de Abril de 2009 a las 11:39

    Tocayo:
    Excelente artículo, escrito en un lenguaje fresco y de humor fino ; no como muchos artículos académicos redactados en forma grave y pedante.
    Sigue escribiendo así.
    Saludos
    Tu ex-profe de laboratorio de física en la FC.
    clabbe7@gmail.com

  3. Alberto Posteado: 31 de Marzo de 2009 a las 23:54

    Claudio, muy atingente y claro tu punto de vista. Retrata como se expresa hoy un antiguo conflicto entre lo viejo y lo nuevo, sin embargo no comparto la desazón con que ves como las advertencias de los intelectuales visionarios son desoídas por los grupos dirigentes. Las nuevas ideas rara vez son interesantes para quienes tienen y saben como hacer un buen negocio. En una economía agro-extractiva como la nuestra, los bit son vistos solo como parte de la ofimática, para asegurar la continuidad de su negocio principal y esto ocurrirá hasta que algún nuevo emprendedor encuentre un nicho de ganancias que le permitan disputar los recursos a los transformadores de átomos, como cuando el dueño del telar mecanizado desplazo al ganadero que le proveía la lana. Si no lo hace un emprendedor nacional tendremos que esperar subirnos al final cuando algún grupo transnacional traiga la novedad prefabricada. (Para la pena de nuestros propios científicos). Que el estado lo impulse, lo veo difícil pues su acendrado rol subsidiario del negocio de átomos ya lo tiene totalmente desorientado e impotente para transformar la educación de comunidades que insisten con las letras, las leyes y ahora los bits, cuando el negocio solo necesita operarios. Pero los intelectuales deben seguir trabajado hasta que los mismos átomos le den la palabra. Como siempre

  4. Victor Ramiro Posteado: 31 de Marzo de 2009 a las 14:56

    Claudio, me parece super interesante el poner el tema de valorización de la ciencia de los bits y su impacto en la sociedad, que es fácilmente valorado por las nuevas generaciones, pero dificilmente entendible para las antiguas, que son las que ostentan el poder. Pero una vez más, al igual como le comente a Jo en su oportunidad, me pregunto que estamos haciendo, en particular como DCC, para hacer que esto cambie. Somos la fuerza más grande de innovación cientifica del país (y queremos proyectarnos a Latinoamérica), los productores de mayor numero y de mejor calidad de ingenieros civiles en computación del país, tenemos una posición privilegiada de opinión y participación, amparados por al Universidad de Chile, tantas cosas y sin embargo no somos capaces de convencer lo que a los jóvenes les parece obvio. En gran medida siento que esto es nuestra falta, no la de las antiguas generaciones que simplemente no van a entender si uno no logra mostrar o llevar a su lenguaje los beneficios que decimos ofrecer. Si no sabemos planificar ni medir el impacto de un proyecto, si no somos capaces de convencer a politicos ni a la sociedad, siento que nos vamos a convertir en un commoditie más, y de paso vamos a dejar pasar la oportunidad de potenciar el desarrollo de capital humano en un tema tan importante como nuestra área, permitiendo un desarrollo futuro para el país. Que hacemos entonces? si finalmente no somos capaces de formar lideres que logren traspasar este mensaje entre generaciones?

  5. Guillermo Posteado: 31 de Marzo de 2009 a las 14:33

    Muy interesante la mirada, me recordó la conceptualización que hace la linguistica estructural entre forma y contenido, donde por un lado bits y atomos serían parte del soporte formal, y por otro bienes materiales e inmateriales sería la sustancia que se traslada. De todas maneras, muy de acuerdo en que falta una mirada más profunda de parte del estado y del stablishment académico a este tema, para poder aprovechar el inmenso potencial que el trabajo informático tiene. Saludos (un linguista que ahora trabaja en sistemas web).

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