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Los prisioneros de Conicyt: ¿partido de fútbol profesional o pichanga de barrio?

Posteado a las 10 de Abril de 2013 - 11:46 0 comentario
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Patricio Inostroza, académico jornada parcial, Departamento de Ciencias de la Computación, Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Universidad de Chile.

Cuando niño, en vacaciones, jugaba a la pelota en las calles de mi barrio. Eran las llamadas “pichangas de barrios”, donde el medio tiempo era la hora de almuerzo y el fin del encuentro cuando el sol se ocultaba. Todos jugábamos por entretención, salvo un muchacho que llamaré Juan González. Él era el amigo que todos querían tener en su equipo. Sabía ordenar el equipo y sobre todo, gracias a su dominio del balón y su forma de jugar, se destacaba sobre cualquiera de nosotros, incluso en los partidos donde jugaban adultos.

Como señalé, Juan González no jugaba por entretención, él quería ser jugador profesional. Sin embargo, por diversos motivos – la mayoría económicos – nunca pudo ir a una escuela de fútbol profesional, nunca pudo salir o viajar fuera de la ciudad para ver en directo cómo era un verdadero partido profesional de fútbol y nunca conoció a alguien con suficientes nexos que lo llevara a “probarse” en un equipo profesional.

Cuando un estudiante obtiene una beca para estudios de postgrado, se espera que logre las metas que Juan no pudo obtener: que pertenezca a una institución que lo eduque y oriente en su desarrollo profesional, que conozca otras realidades viajando a conferencias y eventos de interés, y que valide sus conocimientos a través de la participación de actividades científicas con sus pares. Juan nunca pudo viajar, nunca conoció otra realidad y nunca se supo si era tan buen jugador como parecía.

Cuando Conicyt dice apoyar la formación de alumnos de postgrado a través de becas, se esperaría que al menos no imponga las trabas que Juan tuvo. Es ilógico pensar que se puede formar un profesional de cualquier área científica, pero jugando sólo pichangas de barrios.

En el post del profesor Éric Tanter, en este mismo Blog, se señala con fuerza este problema: Conicyt ha entregado una beca pero imponiendo una regla que impide a los alumnos becados salir del país (Chile). Al recordar la historia de Juan, veo que la regla de Conicyt está fuera de cualquier lógica. Esto incluso bordea la xenofobia, al aplicar la regla sólo a los becados extranjeros.

Es como imaginar que la alcaldía de la ciudad entregue becas a quienes deseen ser profesionales del fútbol, que Juan gane una de éstas, pero la misma beca imponga qué los “González” no podrán abandonar la ciudad. ¿Qué sentido tiene ofrecer una ayuda que a su vez coarta el desarrollo profesional?

Juan era un ídolo local que muchos chicos seguían. Con el tiempo, cuando se dieron cuenta de que no llegaría a ser profesional, los mismos chicos vieron frustradas sus propias ilusiones como profesionales del fútbol… y ni siquiera intentaron luchar por ser profesionales de ese deporte. Hoy todos siguen jugando sólo pichangas de barrios. ¿Acaso queremos eso para Chile?

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