Por Pablo Barceló, profesor del Depto. de Ciencias de la Computación, FCFM, de la Universidad de Chile
A veces pienso que mi disciplina no debería llamarse Ciencia de la Computación sino Ciencia de Turing. Pero también pienso, por ejemplo, en cuál mundo le tocará vivir a mi hijo Salvador, de dos años. Esta es una época revisionista, donde parece -y a veces no sólo parece- que el “parietal occidental” de la humanidad ha hecho las cosas diametralmente equivocadas. Cuando nuestro ecosistema se cae a pedazos, la razón, la ciencia y la ilustración son incriminadas y a la primera oportunidad se les cambia por paquetes de espiritualidad envasada, que parecen lo suficientemente “profundos” para ayudar a conectar nuestra alma perdida con el cerebro culposo que se ha acostumbrado a funcionar solo.
¿Cómo en algunos años más le explicaré entonces a Salvador que la Ciencia de la Computación no sólo trata de construir laptops, cajeros automáticos, iPods, facebooks o robots, la mayoría tonteras tecnológicas cuya producción atenta contra el planeta y envenena nuestra capacidad de pensar y asombrarse? ¿Cómo le diré que mi disciplina tiene principalmente que ver con responder aquellas preguntas que alejaron al hombre del mono; como qué significa ser, estar, moverse, rotar, respirar, pensar o jugar?
Quizás la mejor forma de hacerlo es primero pensar en los orígenes de mi disciplina; que en este caso, con ciertos matices, coinciden con el trabajo de Alan Turing (1912-1954), genio de esos que escasean. Políticamente incorrecto para la sociedad de su época, Turing definió la noción de computabilidad como la entendemos hoy en día y dejó de lado su investigación teórica para ayudar a su país, Inglaterra, a descifrar Enigma: la máquina que los nazis usaban para codificar sus mensajes secretos durante la segunda guerra mundial. Ese es el Turing héroe nacional, protagonista de películas hollywoodenses (“Breaking the Code”, 1996).
Pero esta vez prefiero al Turing teórico, más quitado de bulla, que nos ayuda a responder preguntas fundamentales: ¿qué puede ser computado? ¿Para qué tipo de problemas existe un procedimiento -algoritmo- implementable en una máquina que nos ayude a resolverlos automáticamente? ¿Cuáles son los límites de la inteligencia artificial? ¿Podremos alguna vez crear una máquina que pueda razonar como lo hace el ser humano?
Para responder qué puede ser computado primero debemos definir qué significa computar, inventar un modelo de computación, una máquina que compute: un computador. Así, como en la época de Turing no había computadores, él inventó su propia “máquina” pero a nivel conceptual, no material, desarrollada por su brillante cerebro: la Máquina de Turing. Sin embargo, lo increíble es que ésta “máquina” es ¡precisamente el computador moderno! Alan Turing entonces terminó convirtiéndose en el padre de la computación y al mismo tiempo del computador como hoy lo conocemos. La tesis fundamental de nuestra disciplina es que todo lo que un computador moderno puede computar (resolver, programar) también lo puede computar la máquina inmaterial de Turing. En efecto la Ciencia de la Computación no se centra en los computadores, sino en la computabilidad; una noción fundamental y atemporal.
Pero esto no es todo sobre Turing. De paso él demostró algo realmente increíble: que existen algunos problemas (por ejemplo, matemáticos) que no pueden ser computados. Esto es: sin importar cuán poderoso sea nuestro supercomputador, éste no podrá resolver todos los problemas computacionales que se nos presentan. Y no por falta de memoria, sino por una limitación intrínseca a toda máquina que computa. Sí, la computación tiene un límite, aunque no se sabe cuál es. Gran parte del quehacer de nuestra disciplina se encarga de esclarecerlo.
Volviendo a Turing… lamentablemente Inglaterra no quedó conforme con que este genio definiera la noción de computación y con ello iniciara el increíble desarrollo científico-tecnológico en el mundo. Tampoco les bastó que colaborara decisivamente a descifrar los códigos nazis. Al parecer, los ingleses estaban más preocupados de la homosexualidad de Turing; algo que en ese tiempo no estaba permitido en Inglaterra. Habiendo la policía descubierto una relación del científico con un joven de 19 años, le ofrecieron dos alternativas: ser encarcelado o castrado (mediante un tratamiento hormonal para que disminuyera su libido). Turing optó por la segunda. Por supuesto el escándalo destruyó su carrera científica. Y al parecer su interés por la vida. Dos años más tarde del episodio, Turing insertó cianuro en una manzana. Días después lo encontraron muerto, aún con la mitad de la fruta a su lado.

El blog Bits, Ciencia y Sociedad de la sección de Tecnología de Terra es un espacio donde académicos del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Chile hablarán de la Tecnología y su impacto político y social en nuestro país.
la pregunta acerca de la posiblidad de reducir toda la complejidad es el quid que marca una de las dudas básicas sobre lo que mal llamamos naturaleza. Y la computalibilidad es la opción más terrorifica para el hombre, la oscura realidad del sinsentido que nos angustia. De ahi que intentemos explicitar leyes,
Muy buen articulo, estudie durante mucho tiempo el trabajo de tuning pero desconocia su aspecto personal…
Me encantaria que escribieras algo de Humberto Maturana acerca de su autopoiesis
saludos
Back to basis: En estos tiempos turbulentos la invitación del profesor Barceló a volver a mirar los fundamentos me parece muy potente. Releer, por ejemplo, a Norbert Wiener, el padre de la Cibernética. “Siempre la realidad irá más lejos que nuestros sueños”, decía Wiener.
Excelente artículo.
Me parece increíblemente abrumador y preocupamente como la tecnología sigue malcriando al hombre con objetos que sólo alimentan su pereza y “tontera”; en vez de salvar nuestro ecosistema, que cito “se cae a pedazos”. Ese es el problema al que la humanidad urge, no mas “ipod”, ni celulares ultra modernos, ni películas blue ray. Como vivíamos hace 10 años? el hombre ha fabricado elementos que lo único que han hecho ha sido hacer un hombre más flojo, individualista y absoultamente dependiente.
Saludos Pablo
No sabia la historia de Turing, y como la moral de la época lo enjuicio por sus actos en la vida privada (hoy en día poco escandalosos) y no por su aporte a su país o a la humanidad.
Ojala que los humanos podamos dar respuesta cada ves mas nuestros limites que nos impiden vivir mejor. De igual modo su ciencia trata de dar respuesta a las preguntas que separaron al hombre del mono.
Me volveré fan de su columna.