Tecnología

oct
18

Chile sin Estrategia Digital

Posteado a las 18 de Octubre de 2011 - 13:30 14 comentarios
Envía tu comentario
X

* Campos obligatorios

  1. Digita los número de la imagen y haz clic en el botón Enviar

  2. AVISO: Los comentarios son responsabilidad de sus autores y no representan la opinión de Terra. Está prohibido incluir comentarios que violen la ley, la moral, las buenas costumbres y derechos de terceros. Terra podrá retirar, sin previo aviso, comentarios que no respeten los criterios impuestos en este aviso o que estén fuera del tema de la noticia comentada.

Claudio Gutierrez

Profesor Claudio Gutiérrez, Depto. Ciencias de la Computación, FCFM, Universidad de Chile.

Hace casi cincuenta años el historiador Claudio Véliz explicaba nuestro “atraso” económico y tecnológico con una imagen notable: la mesa de tres patas. La pregunta era: ¿por qué Chile no se industrializó como otros países? La respuesta de Véliz es sencilla, actual, y pedagógica: el poder político de las tres patas de la estructura socioeconómica del país la han frenado: los grandes comerciantes y banqueros del centro; las grandes mineras del norte; y los grandes hacendados del sur. Los sujetos sociales interesados en impulsar la industrialización del país sucumbieron ante esos grupos de poder que se han coludido sistemáticamente para impedir (explícita o implícitamente) el surgimiento de la clase industrial.

Interesante tesis que quiero usar como motivación metodológica para discutir otro atraso, o mejor, inexistencia: la revolución digital del país (un hecho de la causa cuyo diagnóstico no detallaré pues es absolutamente transversal y conocido. Ver por ejemplo: Chile, un país sin estrategia digital; Estrategia digital, el fin de un ciclo; La cruda realidad de la agenda digital; La agenda digital olvidada).

Si Véliz analizaba las razones por las que una revolución “mundial”, la industrialización, no se había desarrollado en Chile, uno podría buscar las razones por las que otra revolución “global” (esta vez de la información y las comunicaciones) no se haya aclimatado en Chile. ¿Será la “natural pereza de los aborígenes de estas tierras”? Como decían los colonizadores cuando nuestros ancestros se resistían a trabajar de esclavos para ellos; o como decían los ingleses y sus socios chilenos cuando los obreros de la minería paralizaban para exigir mejores condiciones de vida; o como sostienen los actuales gerentes por la supuesta congénita falta de iniciativa de sus empleados (cuyos sueldos son 2 órdenes de magnitud menos que el de ellos). Creo que no está ahí el problema.

Déjenme adelantarles mi tesis en una frase: el problema es que la clase dirigente en Chile nunca ha entendido la tecnología. Esto es lo que se llama subdesarrollo. El subdesarrollo no se trata sólo de falta de infraestructura, de trabajadores sin calificación, de población con pésima educación. Se trata principalmente de una elite dirigente que no entiende los mecanismos que mueven al mundo, en particular desde hace doscientos años la tecnología y la ciencia.

La ciencia es para ellos delicia espiritual, conocimiento a discutir en tertulias, discusión de domingo y de academia (hoy papermanía). Creo que no sería dramático si no fuera porque tampoco nunca han entendido la tecnología. Hoy, la revolución digital significa, para estos ejecutivos que manejan el país, simplemente objetos. La conocida propaganda la pudiera haber dicho cualquier ministro chileno: “Technology is fun, and we all love the latest things”. La revolución digital es para ellos el LCD Writing Tablet, el Streaming Player, el iPod (de n-ésima generación por supuesto), el Spelling Corrector, el SmartShopper, el Wireless In Car FM Transmitter, el Kindle (¡de 11 pulgadas! ), el MacBook Air (idem), el Kodak Playsport, el Samsung Epic 4G Touch. En fin. Las páginas tecnológicas de sus diarios (sí, esos dos) son la versión masculina de los catálogos de los shoppings de sus mujeres (sí, aún quedan ese tipo de mujeres). Entonces viene el gran político y anuncia una revolución digital. ¿A qué se refería? A extender el mercado de esos gadgets para todos, en “incorporar” a todos a este gran mercado mundial. Todos deben tener acceso a la tecnología digital, dicen, pensando en cómo esos pobres a quienes desprecian pueden acceder a algún ítem su shopping list.

Algo anda mal aquí. Lo que esta gente nunca entendió es que la tecnología es un asunto social, no (solamente) técnico. Que tecnología no son objetos, sino sobre todo procesos sociales, sujetos (muchos sujetos) creando. Para ellos la “incorporación” de Chile a la revolución digital significa preparar la demanda (los consumidores, nosotros) para que sean capturados por la oferta (no de productores, sino de importadores, ellos y sus amigos y parientes). Ningún plan para educar. Ninguna política social para transformar nuestra población en sujeto de la tecnología, en creadores, o como les llaman ellos, de innovadores. No; para ellos los innovadores se eligen de su círculo o se importan. Al 99.99% restante, nos instruyen para implementar. Ninguna preocupación por cómo integrar, hacer participar, hacer crear a todo un país en los temas digitales. Nunca nos han tenido confianza. Ni para crear, ni para dirigir. Ya ni siquiera para ir a sus barrios a mirar un partido de fútbol.

Ese es mi diagnóstico. Aquí va mi propuesta: al contrario de las opiniones que referencio más arriba, creo que es completamente ilusorio pensar que esta elite o la que venga resolverá el problema que diagnosticó Claudio Véliz. Creo que es asunto nuestro; de quienes trabajamos en esto. Debiéramos tomarnos más en serio nuestro deber para con el país, para con nosotros, y organizarnos. Pienso en las decenas de agrupaciones que hoy trabajan en temas de educación digital; en enseñanza formal de informática y computación; educando e informando en sitios abiertos; en los “industriales” del área; en los innovadores (de verdad) que trabajan sin apoyo; en ONGs sobre acceso y derechos digitales; defendiendo la privacidad de la gente; creando nuevas formas de visualización; desarrollando software libre; creando redes libres; haciendo patria en los blogs. En fin, en todos quienes entendemos perfectamente la oportunidad que se está perdiendo el país. En todos quienes entendemos el escándalo que significa dejar a Chile sin Estrategia Digital.