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CIRIC: una nueva oportunidad de lograr un sueño

Posteado a las 5 de Octubre de 2011 - 9:53 14 comentarios
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José Miguel Piquer

Por José M. Piquer, profesor del Departamento de Cs. de la Computación, FCFM. y senador académico de la Universidad de Chile.

Hace más de 20 años volví a Chile tras realizar mi Doctorado en Francia, y encontré un país esperanzado y lleno de energía, pero donde la investigación y la industria estaban a distancias astronómicas. Nostálgico del ambiente que tenía el INRIA -instituto donde hice mi tesis- donde las empresas tecnológicas acudían con sus grandes problemas computacionales a pedir ayuda, recuerdo haberme dicho: “Lo que debiéramos hacer en Chile es crear un INRIA”.

INRIA es un centro de investigación estatal, creado en los años sesenta, que busca desarrollar (en conjunto con profesores y alumnos universitarios) investigación de nivel mundial en computación, pero siempre buscando aplicación industrial o social. Hoy en día es un centro gigante, con ocho centros regionales en Francia y miles de investigadores.

Desde entonces, he intentado por varios medios implementar algo parecido: apoyamos varios proyectos universitarios para que se convirtieran en empresas, creamos una incubadora de empresas que ha apoyado cientos de proyectos… pero nunca he logrado lo que realmente soñaba: crear una empresa a partir de la investigación para generar un ciclo virtuoso entre la capacidad de creación de conocimiento de la universidad y la capacidad de desarrollar nuevos negocios de la industria.

Hoy tenemos una nueva oportunidad de intentarlo: INRIA acaba de adjudicarse uno de los Centros de Excelencia Internacionales de Innova Chile, financiado parcialmente por la CORFO. Es un proyecto a diez años, que comenzará en 2012, y que crea en Chile el CIRIC: Communication and Information Research and Innovation Center. El CIRIC parte asociado con seis universidades chilenas y cooperando con tres más. Su objetivo concreto: aprovechar la capacidad instalada en Chile de investigación en cooperación con INRIA para generar productos, servicios y spin-offs que generen desarrollo económico y social para el país y la región.

Confieso que el proyecto me genera una especie de pánico escénico. Después de tanto quejarme que estas cosas no pasaban en Chile, me va a tocar acompañar el proyecto que siempre soñé. Cumplir los sueños siempre es peligroso: la familia perfecta nunca es tan perfecta, conquistar el poder es más fácil que gobernar, en fin, existen muchos ejemplos. Aun así, he decidido dedicarle los próximos años de mi vida laboral (que se acercan angustiosamente a ser los últimos) a CIRIC. Aunque mantendré siempre un pie en la Universidad de Chile, al parecer tendré que renunciar en algún momento a ser profesor jornada completa. Para mí, es un trauma mayor: en realidad nunca he salido de la Facultad desde que entré como mechón en 1979.

Sin embargo, también creo que es el momento exacto para intentarlo: el país lleva diez años intentando desarrollar la innovación, darle mayor valor agregado a su producto y dejar de depender de los recursos naturales. En eso, no hemos logrado avanzar. Creo que no hay ningún área como las TIC para volver a intentarlo: mínima inversión, mínimas barreras de entrada y con Internet como mercado global.

Durante un tiempo, estaré de predicador de nuevo. Ya me tocó evangelizar una vez con Internet a un país incrédulo. Ahora tengo que buscar proyectos y socios en el sector productivo con quienes desarrollar soluciones. Las universidades ponen sus cerebros, CIRIC pone sus ingenieros y ahora debemos encontrar las oportunidades que eso genera. En 20 años más, ojalá el negocio de la innovación tecnológica sea tan habitual en Chile como hoy lo es Internet.