Por José M. Piquer, profesor del Departamento de Cs. de la Computación, FCFM. U. de Chile.
He tratado de escuchar con atención a los jóvenes movilizados estos días, y participo en cuanto foro o discusión se genera. Me gustaría poder entender lo que piden, pero parece que no piden nada. O, más bien, piden lo imposible, como en Mayo ‘68 en Francia. En el fondo, este es un sistema que no les gusta: no quieren participar, no quieren votar, no quieren estudiar, no quieren trabajar, no quieren contaminar, no quieren experimentar… Pero no logro encontrar algo que sí quieran. Les une más lo que les disgusta que una propuesta de salida. Tal vez eso sea normal en un movimiento estudiantil: no están aún en la etapa de pensar a largo plazo o de hacer planes de vida.
Pero para nosotros, los más viejos, resulta importante buscar un camino posible, un país hacia el que queramos apostar, un sistema en el que sí queramos participar.
Me parece que lo peor de Chile es que los dos derechos más sentidos de un pueblo: salud y educación, son justamente los que peor funcionan. Para una familia pobre (perteneciente al 80% de los habitantes de Chile), resulta angustiante saber que, frente a una enfermedad, sus hijos no tienen garantías de calidad y que, frente a un liceo municipal, sus hijos no reciben una educación que les dé una oportunidad. Sería hora de reconocer que el sistema actual no funciona.
Sobre educación superior, que es donde puedo opinar más, no comparto la visión simplista de que tener una enorme masa de estudiantes en el sistema es, por definición, bueno. He escuchado argumentos de que, aunque la calidad no sea buena, siempre es mejor tener un título universitario que no tenerlo. Se basa en que usualmente esa gente, aunque no trabaja en su profesión, obtiene un mejor trabajo que el que habrían tenido sin ese título. A mí no me convence: ese profesional fue estafado por el sistema y quedará siempre frustrado. Le vendieron la ilusión de que su título le permitiría ejercer su profesión. De haberlo sabido antes, no creo que se hubiese endeudado para estudiar Ingeniería Comercial para luego terminar de cajero de supermercado.
Sin embargo, me da la impresión de que estos jóvenes rebeldes no buscan cambios prácticos como los anteriores. La manifestación es de rabia y de oposición a la sociedad en la que viven. Pero, está llena de contradicciones consigo misma: buscan más libertad pero piden más Estado, se oponen a las hidroeléctricas pero consumen energía como nadie, quieren más participación pero no se inscriben en los registros electorales, defienden la naturaleza pero no pueden vivir sin Facebook.
Ojalá que estos eventos no se queden en una catarsis que sólo desahoga el descontento que sienten y se transformen finalmente en cambios reales. Ya han logrado mostrar su poder y poner varios puntos en la agenda del gobierno. Pero se requiere ahora concretizar peticiones y avances, y no estoy convencido de que los chicos puedan concretizarlas.
Aunque suena triste, yo trataría de convencerlos de que es hora de congelar por un rato sus sueños y avanzar un poco en la realidad. ¿Será posible?

El blog Bits, Ciencia y Sociedad de la sección de Tecnología de Terra es un espacio donde académicos del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Chile hablarán de la Tecnología y su impacto político y social en nuestro país.