Por Tomás Barros, profesor jornada parcial del Depto. de Ciencias de la Computación, FCFM, U. de Chile; director y gerente de NIC Labs.
Hace algunos días leí en Twitter una conversación bastante interesante sobre los modelos de cobro por proveer el servicio de acceso a Internet, que me hizo recordar y meditar sobre el asunto; razonamiento que comparto con ustedes.
En los ‘90, nos conectábamos a Internet con un módem y una llamada telefónica a algún proveedor, que eran muy pocos. Entonces nos cobraban dos cosas: por una parte la llamada telefónica o Servicio Local Medido (SLM) y, por otra, la empresa que nos daba la conectividad a Internet. En ambos casos el cobro era por el tiempo que uno estaba conectado y lo que se hacía era: conectarse, traer todo el email, desconectarse, redactar las respuestas y volver a conectarse para enviarlas. Navegar (en aquel entonces con gopher y poco después con Mosaic), chatear (vía IRC) o jugar en línea (yo jugaba MUD) eran actividades reservadas para la Universidad, ya que desde la casa salía muy caro (para los afortunados que tenían computador por cierto). Poco después, el Centro de Computación de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, habilitó un número para sus estudiantes donde podían llamar para conectarse y sólo cobraban el SLM; éramos afortunados.
Al mismo tiempo, en Estados Unidos, Internet rompía a toda velocidad y cada día sumaba más y más usuarios (cabe recordar el boom económico que se produjo en ese país gracias a Internet). ¿Por qué?, entre las varias razones culturales, nivel de educación, acceso a computadoras personales, etc. una importante es que en Estados Unidos no existía (y creo que todavía no existe) el Servicio Local Medido, es decir, no se cobraban las llamadas por tiempo sino un costo fijo por el servicio. Por lo tanto, uno podía mantenerse conectado y navegar todo el día (en la práctica toda la noche) si lo deseaba. En Chile, no se produjo un boom serio de acceso hasta que comenzaron las líneas dedicadas con tarifa plana, se normaron a la baja las tarifas de llamadas de acceso a Internet y aparecieron proveedores gratuitos como tutopía.
En el caso de la telefonía móvil, recordemos que los primeros celulares que podían navegar lo hacían con una tecnología conocida como WAP, en la cual cobraban por tiempo conectado y donde, nuevamente, no se masificó nunca hasta que la NTT Docomo (compañía de celulares japonesa) comenzó a cobrar con el paradigma de pago por bytes transmitidos.
Al revisar la historia entonces, podemos concluir que el paradigma de cobrar por tiempo -clásico esquema del servicio telefónico- no sirve para Internet y les costó un tiempo entender eso a las empresas proveedoras.
Por otra parte, si bien el cobro por bytes en vez de tiempo dio un impulso a la conexión por el celular, el boom no vino sino hasta que se ofrecieron planes ilimitados a precio fijo, cuyo caso más visible fue la Blackberry. Por cierto que recurro seguido al ejemplo del celular porque en un futuro no muy lejano será el principal dispositivo de acceso a Internet, como ha sucedido en varios países y, en particular, países de poca distribución de riqueza dado que el celular es más accesible. Sin ir más lejos, la penetración de celular en Chile es del 100%, mientras que el acceso a Internet en los hogares es de poco más del 30%. En Chile, eso sí, hay un crecimiento muy fuerte en el acceso a Internet usando 3G, y no me extrañaría que supere pronto a las líneas dedicadas (ADSL y Cable Módem).
Después, tuvimos durante algunos años una oferta más o menos estable de tarifa plana en cuanto a precios y anchos de banda, que solían estar entre 512K y 2 Megas. Y en los últimos dos o tres años hemos visto un boom en la oferta de ancho de banda, manteniendo el precio pero ofreciendo anchos de hasta 30 Mbs (aunque en la práctica pocas veces se cumple, tema que me voy a referir en el próximo artículo). Esto último es en gran medida porque los usuarios comenzaron a demandar grandes anchos de banda, principalmente por la masificación de Youtube (la transmisión de video es el principal consumidor de ancho de bando hoy en día).
Ante esta mayor demanda por ancho de banda y uso de Internet, ¿cuál es el paradigma más adecuado para cobrar? (me estoy posicionando arbitrariamente desde el punto de vista del usuario). Hay quienes estiman adecuado, e inclusive justo, cobrar por bytes transmitidos. El concepto es que quien usa más la red, debe pagar más que quien la usa menos, similar al cobro de electricidad o agua potable. Dicen ellos que una persona que tiene contratado 1 Mega y usa la conexión para leer ocasionalmente el email no debería pagar lo mismo (no sería justo) que otra que tiene el mismo contrato pero está todo el día bajando películas. Suena razonable, pero si hablo de ellos es porque estoy en desacuerdo. Primero, porque no creo necesariamente que el modelo para cobrar por la electricidad y agua sea el más adecuado por lo que no lo usaría como ejemplo y, principalmente, porque en el caso de los servicios hay un costo de producción, en cambio en Internet el proveedor es simplemente una cañería para transmitir, pero no genera el contenido. Suena razonable entonces que pague un arriendo por esa cañería y que el precio del arriendo dependa del ancho de la cañería y no de cuánta agua haga pasar; en resumen, me parece que el mejor modelo es aquel donde pago solamente por el ancho de banda que se me asigna.
Por supuesto que hay deformaciones en el mercado que no nos permiten ver el modelo con claridad. Me refiero específicamente a que en Chile no existe una oferta barata de Internet desnuda, por ejemplo a 1 Mega, sino que los planes vienen amarrados en su mayoría con packs.
Al parecer hoy existe, una tendencia a usar un modelo híbrido, donde cobran un ancho de banda con un límite de bytes totales de transmisión que cuando se cumple, se baja a un ancho de banda mínimo. Tal es el caso de una compañía que ofrece 15 o 30 megas. Si bien no me gusta el modelo, finalmente contrate los 15 Megas (hubiera preferido uno de 6 sin límite) por culpa del pack, ya que me interesaba tener también cable full y no existía esa oferta para 6 megas. Sospecho también, que en el largo plazo el costo de los equipos y la administración para medir y aplicar este paradigma, sale más caro que mejorar la red para dar ancho de banda ilimitado a todo el mundo.
Interesante es el caso del Kindle de Amazon, un lector de libros electrónicos, que viene con un plan ilimitado e indefinido de acceso a Internet. El costo del acceso se paga en ese caso entre el costo del equipo y el costo de los libros que uno compra. Llegará entonces el punto cuando compre un netbook, por ejemplo, con un plan de datos incluido, quizás de bajo ancho de banco, pero indefinido (es decir, ¿hasta que me dure el netbook?). Me suena un regalo ideal para un niño.
No sé qué modelo se va a imponer ni qué cosa nueva aparecerá. En el futuro esperaría pagar un precio fijo por arrendar el cable propiamente tal y sobre ese cable poder elegir cuál proveedor de teléfono, Internet o cable usar, donde sospecho que incluso podrían ser proveídos gratis algunos servicios (por ejemplo un servicio de previews de películas para arrendar de un servicio de arriendo de películas virtual)
Y a usted, ¿qué sistema de cobro de acceso a Internet le parece el más adecuado y/o justo?

El blog Bits, Ciencia y Sociedad de la sección de Tecnología de Terra es un espacio donde académicos del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Chile hablarán de la Tecnología y su impacto político y social en nuestro país.