Por Tomás Barros, profesor jornada parcial del Depto. de Ciencias de la Computación, FCFM, U. de Chile; director y gerente de NIC Labs.
Debido al reciente retraso en Chile en la fecha para realizar el ‘cambio de horario’ de verano a invierno, me nació la duda de por qué se hace este cambio y cuán ventajoso es. El concepto detrás resulta simple: calzar la mayor cantidad de horas con luz natural con las actividades del ser humano. Pero al revisar la literatura no hay un consenso sobre las reales ventajas de tener un horario de verano. No está claro que permita ahorrar energía y en caso de ser así, éste no superaría el 1%. Desde el punto de vista de la salud, sus ventajas se verían totalmente opacadas por los trastornos de sueño que produce. Y en materia de seguridad pública ésta se vería beneficiada en forma despreciable (con apenas una disminución de los accidentes de tránsito en la mañana). Al final, para lo único que parece ofrecer ventajas claras es en el comercio, al aumentar el horario de vida al aire libre de las personas.
Más allá de las discusiones técnicas sobre sus ventajas e inconvenientes, personalmente prefiero el horario de verano; me agrada que oscurezca más tarde y siento que aprovecho mejor mis tardes. Sin embargo una historia totalmente distinta sucede cuando alteramos la fecha del ‘cambio de horario’.
Años de aplicación del horario de verano han permitido que los sistemas computacionales sepan hacerlo automáticamente y sin mayores inconvenientes, aunque aún muchos errores de programas se producen por no considerar este aspecto. Pero modificar la fecha ya convenida del ‘cambio de horario’ nos quita esas horitas extras de sol, las cuales debemos gastar en preparar los sistemas computacionales. Y es que el tema no es tan simple. Vivimos en una sociedad altamente dependiente de sistemas computacionales, donde esta modificación de las reglas afecta, entre varios otros, los sistemas de vuelo y reserva de pasajes, sistemas médicos, financieros, alarmas automatizadas, etc. Sin ir más lejos, cuántos tuvimos problemas con nuestras agendas. En lo personal, uso Calendar de Google que resultó caótico las últimas semanas (lo mejor que logré fue que las citas aparecieran en la hora correcta, pero las alarmas de un próximo compromiso me llegaban con una hora de retraso). Para qué mencionar la hora en los celulares… ¡ufff!
Preparar los sistemas no es fácil. Computador por computador se deben colocar los parches necesarios cuando los hay. O programarles otra zona horaria (yo elegí la zona de Anguillas, una islita en el Caribe). Además no basta con corregir el sistema operativo. Sistemas basados en Java o Phyton tienen su propia biblioteca de zona horaria y deben corregirse a mano. Esto demanda varias horas de administradores de sistemas, por lo cual estoy convencido que el costo de modificar el ‘cambio de horario’ es mucho mayor que sus hipotéticos ahorros. Es más, creo que sólo las reuniones fallidas por culpa de desactualizaciones de agendas electrónicas desmoronan cualquier ahorro.
Por cierto, no dudo de la buena intencionalidad de retrasar el cambio en favor de los damnificados por el terremoto. Pero recordemos que las horas de luz total siguen siendo las mismas, que quienes estaban ayudando/trabajando en la reconstrucción lo habrían hecho igual mientras hubiera luz y que, por el contrario, debido al ‘no cambio’ a las 07.00 de la mañana aún era de noche; hora en que la mayoría de Chile se levanta (incluyendo las zonas damnificadas) y que por carreteras y calles en pésimo estado hubiera sido mejor contar con luz.
Entonces señores encargados, antes de tomar decisiones de este tipo por favor estudien bien sus consecuencias y consulten a los expertos y más afectados.

El blog Bits, Ciencia y Sociedad de la sección de Tecnología de Terra es un espacio donde académicos del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Chile hablarán de la Tecnología y su impacto político y social en nuestro país.